Luis Fernández, de la venta ambulante a vender muebles en una tienda

El programa ‘Aprender trabajando’ busca trabajo a jóvenes sin recursos y con pocos estudios

De momento, ha logrado colocar a 896 jóvenes.

  • ANA DEL BARRIO | INMA COBO (Vídeo)
  • Madrid

Ha pasado de gritar «a tres euros, que me lo quitan de las manos, a tres euros» a cantar las virtudes de la microfibra; de desgañitarse en la intemperie de los mercadillos a vender en el calor de una tienda de muebles; de ser un ‘nini’ sin oficio ni beneficio a convertirse en un padre de familia con un jornal fijo.

Luis Fernández Motos es un gitano que rompe moldes y estereotipos. Y es el primero en reírse de los tópicos sobre su etnia: «No dejéis eso ahí que os lo pueden robar. Aquí hay mucho gitano», bromea nada más llegar.

Luis en una prueba de que, a veces, lo único que necesitan los jóvenes es una oportunidad. Precisamente, de eso trata el programa ‘Aprender trabajando’, que se dedica a buscar un empleo a muchachos con pocos recursos. Este proyecto, puesto en marcha porla Cruz Roja yla Fundación Secretariado Gitano, ha encontrado trabajo a 896 jóvenes con problemas de exclusión social tras pasar un periodo de formación y prácticas en 240 empresas que colaboran con la iniciativa.

«El proyecto está destinado a jóvenes con pocos estudios, sin empleo o que trabajan en la economía sumergida. Lo primero de lo que nos ocupamos es de cultivar los buenos hábitos y el saber estar: la puntualidad, la higiene… Después pasamos a la segunda parte de la formación teórica y práctica. Muchos no saben cómo se trabaja en las empresas. Por eso, les atrae mucho que el grueso de la formación se haga en el propio centro», explica Carles Silla, responsable en Cruz Roja de ‘Aprender trabajando’, que está sufragado por el Fondo Social Europeo y La Caixa.

La clave del éxito de la iniciativa, con un 52% de jóvenes contratados, reside en el proceso de selección. Como si de una ‘Operación Triunfo’ se tratase, los participantes pasan por un importante filtro de selección. De los 8.500 jóvenes interesados, sólo 1.717 han llegado al proceso de formación y 896 han conseguido un contrato en la empresa en la que realizaron las prácticas, desde que el programa comenzó en enero de 2014.

En una chabola sin agua caliente

Luis ha sido uno de los que ha superado el cásting. Sus comienzos fueron como los de muchos otros gitanos. Vivía en una chabola en San Fernando de Henares con sus 7 hermanos sin calefacción ni agua caliente. «Pasábamos mucho frío. Mi madre tenía que calentar el agua en una olla para ducharnos y bañarnos. No deseo esa vida para mi hijo, pero éramos felices», afirma en la tienda Conforama en la que vende sofás y salones desde hace año y medio.

Este joven, de 22 años, tenía un bajo nivel de estudios, ya que los abandonó en 2º de la ESO, pero contaba con una cierta experiencia en ventas. Sus padres se dedican a la chatarra y a la venta ambulante y conocía de cerca todos los trucos para que la mercancía entre por los ojos. Casado y con un hijo, hace tiempo que Luis dejó la chabola para irse a vivir en un piso del IVIMA.

«Lo que más me ha costado ha sido el sistema informático. Mi nivel era pésimo, pero ya le cogí el punto. He aprendido muchas cosas y también he enseñadocómo somos el pueblo gitano y cómo podemos integrarnos», asegura Luis, mientras va saludando a todo el personal de la tienda situada en la localidad madrileña de Alcorcón.

El programa ha funcionado tan bien, que ahora el 10% de la plantilla del centro en Alcorcón es de origen gitano. «Son chavales con muy pocas oportunidades de encontrar un empleo y muy pocos referentes laborales. Durante la formación, trabajamos mucho las competencias personales, no sólo las profesionales. La mejor forma de desmontar el estereotipo es verles trabajando», asevera David de Miguel, coordinador del proyecto desde la Fundación Secretariado Gitano.

No es un programa fácil y exige una gran implicación por parte de las empresas y del equipo directivo. Ésa es la clave para que el proyecto funcione. «Hay que estar encima de ellos para que hagan las cosas. Les enseñamos la importancia de la puntualidad, la constancia, que no hagan grupos… Pero, al final, responden bien a la presión», explica uno de los encargados de Conforama.

Ismael Suárez es otro de los jóvenes del proyecto, que ya ha encontrado trabajo en el almacén de Brico Depôt en Majadahonda. Como tantos otros chavales, Ismael, de 22 años, dejó los estudios de la ESO, porque se le «hacía largo». Fue reclutado en la calle por dos orientadoras de la asociación vecinal que le ofrecieron realizar el curso de logística y máquinas.

Ahora, se muestra orgulloso de tener un contrato a su edad. «Si le pones ganas, lo consigues. Aquí había chavales con mejor físico que yo, pero me han cogido a mí. Tienes que poner empeño. Lo más difícil ha sido el toro elevador. Para controlar las máquinas he tenido que hincar más los codos», relata Ismael mientras pone etiquetas a la mercancía.

Muchos jóvenes llegan a los cursos despistados, con pocas expectativas, sin estudios ni trabajo. Son los llamados ‘ninis’. Al final de los seis meses de formación, los chicos cambian y consiguen alcanzar una mayor madurez. Tan sólo se trata de darles una oportunidad.

Bislang gebe es keine anhaltspunkte dafür, dass der beworbene unveränderte nachdruck auch seine Erklarung tatsächlich verkauft worden sei.

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