Se triplica el número de testamentos solidarios

testamento solidario
Este tipo de legados supone ya la segunda fuente de ingresos de muchas organizaciones.

En España cada vez son más numerosas las personas que, al morir, deciden dejar su patrimonio (o, al menos, parte de él) no a su parentela o no sólo a ella, sino a desconocidos que se encuentran en situación de dificultad. Concretamente, lo que hacen es ir al notario y poner por escrito su voluntad de que toda su herencia o un pellizco de la misma vaya a parar a esta o aquella ONG.

A pesar de la crisis, los testamentos a favor de organizaciones sin ánimo de lucro -los llamados «legados solidarios»– han aumentado en los últimos 10 años en España en un 172%.

Esas organizaciones recibieron el año pasado a través de herencias un total de 316 legados, frente a los sólo 116 que recibieron en 2005. En otras palabras: los testamentos solidarios se han triplicado en 10 años.

«Y, en los próximos años, aún podríamos asistir a un boom mucho mayor, porque los testamentos son documentos privados cuyo contenido no se desvela hasta que la persona muere, por lo que es imposible saber cuántas personas han decidido dejar todo o parte de lo que tienen a ONG», señala Leire Ayausti, de la campaña Legado Solidario. «Lo que es evidente es que cada vez más gente opta por esta opción, y cada vez las ONG hacen más campaña en pro de los legados solidarios».

«La opción de los laicos»

Magdalena Fernández López tiene 61 años y, a sus espaldas, toda una vida trabajando como empleada de un banco y colaborando con la ONG Amnistía Internacional. Nunca había oído hablar del legado solidario hasta que, hace unos 10 años, un amigo comprometido también en la defensa de los derechos humanos le comentó que él y su mujer, una pareja sin hijos, habían decidido hacer testamento a favor de Amnistía Internacional. «Se me encendió una luz», asegura Magdalena, soltera y sin descendencia. Cuatro años después, acudió al notario y, por 40 euros, dejó escrita su última voluntad: el 50% de su patrimonio iría a parar a su madre, tal y como estipula la ley al tratarse de su heredera legal, y el resto, la parte de libre disposición, decidió que fuera a manos de Amnistía Internacional.

«Salí del notario con una enorme satisfacción, sabiendo que, cuando esté muerta, voy a seguir colaborando contra la violación de los derechos humanos, que mi contribución durante todos estos años no se va a apagar. Hacer un legado solidario es como donar sangre: sientes que estás ayudando a salvar vidas», expresa Magdalena, que hace tanto que es socia de Amnistía Internacional que ni se acuerda de la fecha en la que empezó a colaborar con esa organización que en España cuenta con 80.000 socios. Y como pagar simplemente una cuota le sabía a poco, hace 16 años se convirtió en activista.

Magdalena tiene unos pequeños ahorrillos, un apartamento en el centro de Madrid y una casa de fin de semana en la carretera de Burgos, en un pueblo próximo a Buitrago. Lo que no tiene es hijos propios, aunque ha convivido durante años con el de su ex pareja y lo considera prácticamente suyo. Sin embargo, le ha dejado fuera de su testamento…

«Sí, lo sabe, le he dicho que buena parte de mi herencia irá a parar a una ONG, pero no se ha enfadado por ello. Tampoco mi hermana ha fruncido el ceño: al fin al cabo, ella también es socia de Amnistía Internacional. Y, además, es mi dinero, hago con él lo que me parece», dice.

Tan convencida está de lo que hace que asegura que, si encontrara pareja, no cambiaría su testamento. «Mis ideas están por encima de una pareja coyuntural. Es más: lo que intentaría sería convencerle de que hiciera lo mismo y dejara también un legado solidario».

El perfil

Magdalena representa el prototipo de la persona que generalmente hace un testamento solidario: mujer (al fin y al cabo, las ONG suelen contar con más socias que socios), sin hijos, soltera o viuda y urbanita. Porque, a pesar de que ha aumentado la sensibilización social hacia los legados a favor de organizaciones sin ánimo de lucro y del enorme trabajo que las propias ONG han hecho para fomentarlo, el incremento de los hogares unipersonales y de las personas sin hijos también ha dado un impulso a este tipo de donaciones, que antes iban a engrosar casi exclusivamente las arcas de conventos, órdenes sacerdotales, congregaciones de monjas y demás entidades religiosas. «El testamento solidario es la opción de los laicos», dice Magdalena.

Pero, aunque muchos de los que se deciden a dejar lo que tienen a sus ONG son personas sin hijos, hay excepciones. Como ese señor de Alicante con hijos y un patrimonio gigantesco que dejó estipulado en su testamento que quería que un porcentaje de sus bienes fueran a parar a Amnistía Internacional. Así que cuando falleció en 2013, la ONG recibió nada menos que 300.000 euros en efectivo y 14 inmuebles.

Pero las herencias y los testamentos solidarios no dejan de ser asuntos de dinero, así no es extraño que haya disputas por medio. A quienes contaban con heredar de ese tío lejano sin hijos que se había hecho de oro, de esa prima solterona sin hijos forrada o de cualquier otro pariente no les suele hacer mucha gracia ver sus expectativas rotas. Así que algunos familiares impugnan los testamentos solidarios, alegando casi siempre lo clásico: que cuando fueron redactados la persona en cuestión no estaba en pleno uso de sus facultades. «Nosotros hemos tenido varios de esos casos», admite Marcos Macarro. «Pero nunca hemos llegado a ir a pleito, preferimos llegar a un acuerdo con los familiares que respete la voluntad del testador».

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